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El comienzo del 2012 prometía. El 12 es un número que me gusta; es par, es múltiplo de 3 y no hace el primo como el 11. Le tenía ganas.
El 10 de Enero me dirigía a mi rutina con el amanecer y lucía la luna nueva como nunca la había visto. Eché en falta la cámara y disponer de unos minutos para que todos disfrutáseis de lo increíble que estaba el cielo. Esa misma mañana el 2012 se encargó de recordarme que el tiempo que disfrutamos aquí es finito y nunca sabes con certeza cuando acabará. No había tenido desde hacía mucho tiempo estos días en los que realmente no he podido ver la botella medio llena.
Seco, me quedé seco.
Tengo la gran suerte de contar con un entorno estupendo que poco a poco van llenando de nuevo la botella, las ganas de vivir y de disfrutar del tiempo que nos quede. Me gusta pensar que fue Beti que la acercó aquella mañana la luna para nosotros. Nos dejó para siempre llenos de buenos recuerdos, de innumerables sonrisas y de infinita bondad.
Por fin ayer escapé con la cámara y el coche. Para esta foto dediqué 666 segundos y me dio tiempo para reflexionar, apartar la mente de todo y, por primera vez en este año, disfrutar de nuevo con la fotografía, con la captura del tiempo, con pintar cuadros a base de luz. Ya tengo varios proyectos en mente, espero que los veamos todos.
